El llanto es el único idioma de tu recién nacido, y en las primeras semanas hay muchísimo. Es su manera de decirte que necesita algo, no una señal de que lo estés haciendo mal. Lo tranquilizador es que la mayoría de los llantos se reducen a una lista corta de necesidades; otra parte es el nerviosismo de la tarde que ninguna lista arregla; y, solo de vez en cuando, hay un llanto que necesita médico. Aquí tienes cómo entenderlos, qué suele ayudar y cuándo tomarse un llanto en serio.
Los sospechosos de siempre
La mayor parte del tiempo, el llanto es tu bebé pidiéndote una de un puñado de cosas. Ve repasándolas:
| Puede ser | Señales | Prueba |
|---|---|---|
| Hambre | Busca con la boca, manos a la cara, chasquea los labios | Ofrécele una toma |
| Sueño | Bosteza, desvía la mirada, movimientos bruscos | Baja el ritmo y ayúdalo a dormirse |
| Gases | Se retuerce, encoge las piernas después de comer | Sácale el aire, muévele las piernas como en bici |
| Pañal sucio o mojado | Se queja, se calma tras cambiarlo | Revisa el pañal |
| Frío o calor | Tócale el pecho o la nuca | Quítale o ponle una capa |
| Solo te necesita | Se calma en cuanto lo coges | Cógelo en brazos, piel con piel |
Esa última es una necesidad de verdad, no un vicio: a un recién nacido nada lo calma más que estar pegado a ti, y no lo malcrías por responderle.
Pilla las primeras señales
Los bebés avisan antes de romper a llorar, y responder pronto es mucho más fácil que calmar un llanto desatado. Buscar con la boca y llevarse las manos a la cara llega antes que el llanto de hambre; bostezar, desviar la mirada y los movimientos bruscos llegan antes que el de sueño; retorcerse y encoger las piernas suele ser cosa de gases. Cuanto antes respondas, más pequeña será la tormenta.
El llanto de la tarde que no tiene arreglo
Hay llanto que no es una necesidad que puedas resolver. Ese nerviosismo de la tarde que va creciendo durante las primeras semanas y llega a su punto fuerte hacia las seis es propio del desarrollo, no algo que estés provocando tú, y se pasa. Tener a mano unos cuantos recursos para calmarlo ayuda más que empeñarse en buscar la causa: movimiento (mecerlo, el porteo, un paseo), ruido blanco, una habitación tranquila y con poca luz, y contacto. Si el llanto encaja con la regla de los tres —más de tres horas al día, tres días a la semana, durante tres semanas—, puede tratarse de cólico del lactante, que es inofensivo pero agotador y conviene comentarlo con tu pediatra.
Cuando no hay motivo, y no pasa nada
A veces repasarás la lista entera y tu bebé seguirá llorando. Eso no significa que hayas fracasado: hay llanto que simplemente toca aguantar. Cógelo, mantenlo a salvo y recuerda la regla más importante de todas: si en algún momento se te hace demasiado, siempre puedes dejar a tu bebé en un sitio seguro, apartarte unos minutos y respirar. El llanto no le hace daño; unos minutos separados, tampoco. Nunca, jamás sacudas a un bebé: si notas que estás al límite, déjalo en un lugar seguro y tómate un respiro, o llama a alguien.
Cuando un llanto necesita médico
Casi todo el llanto es normal, pero fíate de tu instinto ante un llanto que sea distinto:
- Un llanto raro: muy agudo, débil o continuo, que no se parece al de siempre.
- Llanto con fiebre u otras señales de que está malito: que coma mal, que moje muchos menos pañales, que esté flojito, que respire rápido o con dificultad, una mancha en la piel que no desaparece o vómitos verdosos.
- Un cambio repentino e inexplicable en su llanto, o sencillamente la sensación de que algo no va bien.
Ante cualquiera de estas señales, que lo vea un profesional cuanto antes. Nadie lo conoce mejor que tú, y esa intuición cuenta.
En resumen
El llanto es comunicación, no una crítica, y aprenderás el idioma de tu bebé antes de lo que crees. La mayor parte del tiempo es una de las necesidades de siempre; otra parte es la tormenta de la tarde que solo toca dejar pasar; y ese llanto raro que preocupa siempre merece una llamada. Repasa la lista, responde pronto, sostenlo durante el resto, y cuídate tú, porque estar tú en calma es lo mejor que puedes ofrecerle cuando él no lo está.
Anotar a qué hora arranca el llanto, junto con las tomas y las siestas, convierte unos días caóticos en un patrón que de verdad puedes ver. CribStack te lo deja apuntar en segundos con una mano, mientras sostienes al bebé con la otra.
Esto es información general, no consejo médico. Si el llanto de tu bebé te preocupa, o lo notas distinto o malito, consulta con tu matrona, enfermería de pediatría o pediatra, y busca ayuda urgente ante cualquier señal grave.