“¿Por qué no duerme mi recién nacido?” es una de las preguntas estrella de las primeras semanas, y la respuesta, que pone un poco de los nervios, es que sí duerme, y muchísimo, solo que no cuando ni todo lo que a ti te gustaría. La buena noticia: en estas primeras semanas no hay ningún horario que cumplir ni manías que temer. Todo tu trabajo consiste en ayudarle a calmarse y en ir colocando poco a poco el día y la noche. Aquí tienes lo que es realista, lo que ayuda y lo que mejor te ahorras.
Cómo es de verdad el sueño del recién nacido
Un recién nacido duerme entre catorce y diecisiete horas al día, pero en tramos de dos a cuatro horas repartidos a cualquier hora, porque todavía no tiene reloj interno (madura a lo largo de los primeros dos meses). Buena parte de su sueño es ligero y movido: se mueve, gruñe, se medio despierta y hace ruiditos sin llegar a desvelarse, así que merece la pena esperar un momento antes de salir corriendo. Sus ventanas de vigilia son cortísimas también. Nada de esto es culpa tuya; los tramos largos llegan con el tiempo.
El día y la noche cambiados
Muchos recién nacidos tienen el día y la noche del revés al principio: en la barriga los mecían para dormir a todas horas. No puedes imponerle un ritmo, pero sí darle señales constantes:
| De día | De noche |
|---|---|
| Sube las persianas, ruido normal de casa | Luz tenue, todo en silencio |
| Háblale y juega en sus ratos de vigilia | Tomas y cambios tranquilos y “aburridos” |
| Tomas activas y completas | Hablar lo justo y de vuelta a la cuna |
Si mantienes el patrón, su reloj interno lo va pillando en las primeras semanas.
Cómo ayudarle a calmarse
A un recién nacido le tranquiliza todo lo que le recuerde al útero. Los trucos de siempre, usados a la vez, son los que mejor funcionan:
- Un buen arrullo, con los brazos dentro si le gusta, pero dejando siempre las caderas sueltas para que pueda mover las piernas, y déjalo en cuanto dé cualquier señal de empezar a darse la vuelta.
- Ruido blanco o un “shhh” constante, parecido al de la barriga.
- Un balanceo lento: mecerlo, el porteo en mochila o fular, un paseo en el carrito.
- Algo que succionar: una toma o el chupete una vez que las tomas estén bien asentadas.
- Brazos. El contacto es lo que más regula a un recién nacido, y de verdad que no se le puede malacostumbrar: tenerlo en brazos a esta edad nunca es una mala costumbre.
Un bebé que ha comido, ha echado el aire, está seco y aún no se ha pasado de cansancio se calma muchísimo mejor que uno al que se le ha pasado el momento.
Pasarse de cansancio: el culpable silencioso
Parece al revés, pero un bebé pasado de cansancio cuesta más, no menos, de calmar. Vigila sus ventanas de vigilia y las primeras señales de sueño (bostezos, apartar la mirada, movimientos bruscos, quejiditos) y empieza a bajar el ritmo antes de que llegue al llanto del agotamiento. El llanto de la tarde, que suele alcanzar su punto álgido sobre las seis semanas, muchas veces es el cansancio acumulado de todo el día.
Sueño seguro: lo que no se negocia
Le calme lo que le calme para dormirse, lo acuestas a dormir siguiendo las normas del sueño seguro: boca arriba, en su propia cuna, despejada y plana. No te quedes nunca dormida con él en un sofá o un sillón, no inclines ni acuñes nada y, si se queda traspuesto encima de ti, en el fular o en la sillita del coche, pásalo a la cuna en cuanto puedas. Las rutinas y lo de “adormilado pero despierto” son para más adelante: un recién nacido ni está preparado para los métodos de sueño ni los necesita.
Cuida a quien hace el turno de noche
No puedes dar de lo que no tienes. Duerme cuando duerma el bebé siempre que puedas, repartíos las noches si sois dos y agárrate a la idea de que estas noches partidas son pasajeras: de verdad que se acaban suavizando. Si lleváis la cuenta de quién está de turno y cuándo lo acostasteis por última vez, los relevos se vuelven mucho menos confusos. Y un aviso importante: un bebé muy pequeño al que cueste muchísimo despertar, que esté muy flojo o demasiado adormilado para comer merece una llamada rápida al pediatra; eso no es lo mismo que la somnolencia normal de un recién nacido.
En resumen
No puedes enseñar a dormir a un recién nacido con ningún método, y tampoco te hace falta. Le ayudas a calmarse, cuidas de que cada sueño sea seguro, vas colocando el día y la noche y esperas a que su reloj interno se ponga al día. Es agotador y, a la vez, va a mejor, normalmente de forma muy clara a lo largo de los primeros dos meses.
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Esto es información general, no consejo médico. Las recomendaciones sobre sueño y descanso varían según el país y en bebés prematuros o enfermos; sigue siempre las indicaciones de tu matrona o de tu pediatra, y de quienes conocen a tu bebé.