Un recién nacido que gruñe, se retuerce, se pone rojo, encoge las piernas y de pronto suelta una bocanada de leche parece un bebé que lo está pasando fatal. Casi nunca es así: los gases y alguna regurgitación forman parte del pack del recién nacido, mientras su aparato digestivo, recién estrenado, aprende a hacer su trabajo. Aquí tienes qué es normal, cómo echar una mano y las pocas señales que sí merecen una llamada.
Por qué tienen tantos gases
El intestino del recién nacido es inmaduro y todavía está cogiendo el ritmo, y por el camino traga aire: durante las tomas y, sobre todo, llorando. Ese aire tiene dos salidas, hacia arriba en forma de eructo o hacia abajo en forma de gases. Súmale un sistema digestivo que practica por primera vez y los gruñidos, los retorcijones y alguna trompetilla por el otro extremo son, sencillamente, la banda sonora de las primeras semanas.
El eructo: cómo y cuándo
Saca el eructo a mitad de la toma (al cambiar de pecho o al hacer una pausa con el biberón) y otra vez al terminar. Con tres posturas cubres a casi todos los bebés:
- Sobre el hombro, erguido, con palmaditas o frotando hacia arriba.
- Sentado en tu regazo, inclinado un poco hacia delante y con la barbilla y el pecho apoyados en tu mano.
- Boca abajo sobre tus piernas, con palmaditas suaves.
No en todas las tomas hay eructo. Si pasados unos minutos no sale y el bebé está cómodo, sigue adelante sin más: los bebés de pecho suelen tragar menos aire y a veces necesitan eructar menos que los de biberón.
Cómo aliviar los gases atascados
Cuando el aire se queda atrapado y le molesta, suele ayudar:
- Bicicleta — boca arriba, muévele las piernas con suavidad como si pedaleara.
- Un masaje en la tripa en el sentido de las agujas del reloj, siguiendo el recorrido del intestino.
- Ratos boca abajo despierto y vigilado, y sostenerlo erguido contra ti.
- Una toma tranquila y sin prisas, con buen agarre o la tetina adecuada, para que entre menos aire de entrada; mantenlo bastante erguido mientras le das el biberón.
Los biberones anticólico van bien a algunos bebés. El agua de anís y las “gotas para los gases” son populares, pero la evidencia es escasa: consúltalo con tu pediatra o tu enfermera antes de usarlos.
¿Regurgitación, reflujo o vómito?
Se parecen, pero no son lo mismo:
- La regurgitación es esa leche que sale sin esfuerzo después de las tomas. Un bebé que devuelve y a la vez gana peso y está contento entre tomas es de lo más normal. Suele ir a más hacia los cuatro meses y se va apagando cuando se sienta y empieza con los sólidos.
- El reflujo es regurgitar con mucha frecuencia. Por sí solo es solo colada de más; solo hay que tratarlo (entonces se llama enfermedad por reflujo) si provoca dolor, rechazo del alimento o poca ganancia de peso.
- El vómito sale con fuerza y en mayor cantidad, con un bebé incómodo: es otra cosa distinta de un hilillo de leche.
Para reducir las regurgitaciones, prueba tomas más pequeñas y frecuentes, haz bien el eructo y mantenlo erguido 20–30 minutos después. No inclines ni levantes el colchón de la cuna para elevarle la cabeza: las superficies de sueño inclinadas no son seguras y las normas de sueño seguro están siempre por delante.
Cuándo llamar a un profesional
Contacta con tu pediatra, médico de familia o enfermera —de urgencia con los dos primeros— si ves:
- Vómitos a chorro que salen disparados con fuerza, sobre todo si se repiten
- Vómito verde o amarillo (bilis) o con sangre
- Regurgitaciones junto con poca ganancia de peso, rechazo de las tomas, o arqueo y llanto de dolor al comer
- Tos, atragantamiento o dificultad para respirar frecuentes alrededor de las tomas
- Señales de deshidratación: muchos menos pañales mojados, boca seca, un bebé anormalmente adormilado
- Tripa dura e hinchada, sin hacer caca y con vómitos, lo que puede indicar una obstrucción
Esto es información general, no consejo médico. Cada bebé es distinto: si las regurgitaciones o el malestar de tu bebé te preocupan, pregunta a quienes conocen su historia.
La mayoría de los gases se resuelven solo con tiempo y unos cuantos eructos, y buena parte tiene que ver con cómo entran las tomas: una toma tranquila y sin prisas, con buen agarre, traga menos aire que una atropellada. Los gases atascados también pueden sumarse al llanto de la tarde que ya es habitual de por sí en estas semanas. Apuntar las tomas y las regurgitaciones grandes deja el patrón a la vista, y convierte el “¿cada cuánto y cuánta cantidad?” del médico en una respuesta.