Sacarse leche, a mano o con sacaleches, es una herramienta útil, no un objetivo que haya que alcanzar. Sirve para que otra persona dé una toma y tú descanses, para tener una pequeña reserva de cara a una noche libre o a la vuelta al trabajo, para aliviar el pecho demasiado cargado y para mantener la producción si tu bebé y tú estáis separados un tiempo. Quédate con una idea desde el principio: lo que consigues extraer no mide tu producción, porque tu bebé es mucho más eficiente que cualquier sacaleches. Aquí va el cuándo, el cómo y lo que de verdad importa: conservar la leche con seguridad.

Por qué y cuándo sacarse leche

Algunos motivos habituales:

En los primeros días no hace falta sacarse leche salvo que haya un motivo concreto: durante las primeras semanas, dar el pecho directamente suele ser más que suficiente.

A mano o con sacaleches

Sacarse leche a mano no necesita nada y va especialmente bien para las primeras gotas de calostro: rodea el pecho con la mano, comprime y suelta con un ritmo constante y ve cambiando de zona. Los sacaleches los hay manuales o eléctricos, simples o dobles; el doble es más rápido y merece la pena si vas a extraerte a menudo.

Sea cual sea el método, funciona mejor cuando estás caliente, cómoda y tranquila. Un pequeño masaje en el pecho, o incluso pensar en tu bebé, ayuda a que suba la leche. Usa una copa (el embudo) que se ajuste bien a tu pecho, mantén una succión cómoda (más fuerte no es mejor) y extrae durante unos 15-20 minutos o hasta que el flujo se vaya parando. Por la mañana suele haber más leche, buen momento para conseguir un poco de más.

Cómo conservar la leche con seguridad

Esta es la parte que conviene hacer bien. Guarda la leche en biberones limpios y esterilizados o en bolsas específicas, en cantidades pequeñas para no desperdiciar nada, y anota la fecha en cada uno:

DóndeCuánto tiempo, más o menos
Temperatura ambiente (habitación fresca)hasta ~4 horas
Nevera, en el fondo (~4 °C, no en la puerta)hasta ~3 días
Congeladorhasta ~6 meses
Descongelada en la neveraen 24 horas, sin volver a congelar

Enfría en la nevera la leche recién extraída antes de juntarla con leche ya congelada. Descongela la leche dejándola en la nevera toda la noche o bajo el grifo con agua templada, nunca en el microondas (crea puntos hirviendo y estropea la leche). Los tiempos exactos varían según el país y la fuente, así que consulta también las recomendaciones de aquí.

Cómo dar la leche extraída

Caliéntala con suavidad en agua templada o con un calientabiberones, pruébala en la cara interna de la muñeca y dásela con un biberón de ritmo lento y tetina de flujo bajo. Si tu bebé también toma pecho, el ritmo pausado y la tetina lenta ayudan a proteger el agarre y te dejan combinar las dos cosas sin problema. Que se separe en capas es normal: muévela en círculos para mezclarla en vez de sacudirla.

Que no se te haga cuesta arriba

Sacarse leche además de dar de mamar es trabajo extra de verdad, así que deja que sirva para algo concreto y no se convierta en una obligación más. Sácate leche por un motivo, no por una cifra, limpia el equipo entre usos y recuerda que una reserva pequeña da mucho de sí. Si guardar reserva empieza a estresarte más de lo que ayuda, no pasa nada por dejarlo.

En resumen

Sacarse leche es el puente entre el pecho y el biberón: una forma de repartir las tomas sin renunciar a dar de mamar. Coge bien el hábito de conservarla con seguridad, no juzgues nunca tu producción por lo que hay en el biberón y calienta y da la leche con suavidad. Y como los biberones de leche extraída son fáciles de medir, también son fáciles de repartir y registrar entre los dos: quién dio qué biberón y a qué hora.

Esto es información general, no consejo médico. Los tiempos de conservación y las pautas para extraerse leche cambian según el país y en bebés prematuros o enfermos: sigue las indicaciones de tu matrona, tu enfermera de pediatría o tu asesora de lactancia, y las recomendaciones de conservación de tu zona.